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Reinventándose a través del café – 25 Magazine: Issue 6

MARÍA ESTHER LÓPEZ-THOME comparte con nosotros su historia en la edición número 6 de la revista 25 . Todas las fotos realizadas por Andrés Anaya.

En Venezuela no tenemos estaciones: solo hay sol y lluvia. El verano perfecto, 365 días al año. Tenemos playas, mesetas, montañas y un suelo muy fértil; siempre nos ha resultado sencillo plantar y cultivar. Durante muchos años Venezuela ha sido uno de los países productores de café más importantes.

Los venezolanos nos caracterizamos por nuestra alegría, nuestra capacidad para reinventarnos ante situaciones complicadas, nuestro afán de superación y nuestra nobleza.

Venezuela era un país de ensueño. Para crecer allí y vivir para siempre. Lo era.

Un abogado en tiempos de crisis

Yo soy abogado. En concreto, soy especialista en Derecho administrativo, Gestión tributaria y Regímenes especiales territoriales. Durante muchos años, estuve trabajando para el Servicio Nacional de Impuestos de Venezuela, en concreto en el departamento de aduanas: mi trabajo consistía en defender al estado venezolano en litigios aduaneros. En 1994, el gobierno venezolano recibió un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo y del Fondo Monetario Internacional para llevar a cabo una reforma de los impuestos y una modernización del sistema tributario del país. Yo formé parte del grupo de gente que constituía el nuevo Servicio Tributario del país.

[para 6] Me considero una persona apolítica. Durante muchos años, el hecho de trabajar en esta organización, al menos a niveles intermedios, no requería ninguna afiliación política.

Hasta que llegó el presidente Chávez. Entonces todo cambió.

Lo que comenzó como un cambio para volver a empezar de nuevo, lleno de esperanzas para muchos (no para mí), se convirtió rápidamente en desesperación, luchas y escaseces. Para todos aquellos que trabajábamos en la Administración Tributaria, el nuevo gobierno pronto comenzó a exigirnos apoyo hacia el régimen. Los partidarios del presidente gozaban de privilegios, beneficios, cargos políticos; los demás eran despedidos por inservibles o asignados a puestos que les impedían desarrollar sus capacidades y habilidades. Y eso en el mejor de los casos.

Ahí es cuando el café entró en mi vida.

Viviendo la vida a través del café: El inicio de un sueño

Di con el café por casualidad – no lo estaba buscando, no sabía nada sobre él, y nunca pensé realmente desarrollar una carrera gracias a él. Mi única relación con el café, al principio, era el recuerdo de mi madre preparando su café de manga (con filtro de tela) cada mañana, y dándome a veces un café con leche y pan dulce. Más tarde, disfrutaba tomándome un «tall latte» en Starbucks cada vez que iba a los EE.UU. Sin embargo, una de mis hermanas mayores trabajaba en una gran empresa cafetera venezolana, Café Fama de América (antes de ser expropiada por el gobierno de Chávez), que había recibido soporte técnico en agronomía de una compañía suiza para lograr unas mejores prácticas de cosechado. Este fue mi primer contacto con el «café de especialidad».

Comencé a sentir cada vez más la presión del gobierno para que ofreciera mi apoyo político dentro de mi cargo, por lo que decidí invertir mi tiempo en comprender el significado de «café de especialidad».

Al principio asistí a clases informales y leí mucho en internet. En 2005 me di cuenta de lo importante que era el café para mí, y que si quería progresar necesitaba una mejor formación cafetera. En uno de mis viajes a los EE.UU., dediqué un tiempo a asistir a un curso de barista profesional en el entonces recién inaugurado Soho Intelligentsia Lab. La clase duró solamente tres horas, pero me llenó la cabeza de sueños. En 2010, tomé la decisión de dedicarme al café más seriamente: empecé a viajar más a los EE.UU., me hice miembro de la SCAA, asistí a clases de instructor de la SCAA y fui voluntario en eventos sobre café siempre que tuve ocasión. En la SCAA de Portland me enfrenté a un gran desafío: el uso de un complejo equipo que nunca antes había visto en mi vida. Supuso un punto de inflexión para mí. Lo superé con éxito gracias al apoyo de muchos otros voluntarios y profesionales que me ofrecieron su tiempo y su ayuda.

Tras dos años estudiando y realizando labores de voluntario para la SCAA, fijé mi objetivo en Europa. Presenté una solicitud (que fue aceptada) para colaborar como voluntario con la (entonces) Speciality Coffee Association of Europe (SCAE) y comencé mi formación en España, Italia y otros países europeos.

Allí encontré lo mejor de los dos mundos: La SCAA y la SCAE, unidas por el café. Trabajé duro para aprender de ellas y saber representarlas. En 2012, me convertí en el primer profesor de la SCAE en Venezuela.

Ser abogado; ser profesor del café

Me encontré con muchos desafíos a la hora de continuar desarrollando mis estudios del café. No solo estaba extremadamente ocupado con mi trabajo como abogado, sino también como padre soltero de una hija. La financiación de mis viajes y cursos fue muy costosa, al cobrar en bolívares venezolanos.

Aproveché cualquier oportunidad que se me presentó para asistir a cursos en toda Latinoamérica. Viajé mucho y enseñé también mucho. Sin embargo, para enseñar tenía que emplear mi tiempo de vacaciones.

En esta época, la tensión política en Venezuela rozaba la guerra civil. Mi hija, que entonces tenía 17 años, estaba a punto de terminar el instituto: era hora de pensar en la universidad. En Venezuela, la inseguridad social, el crimen y la falta de servicios básicos y alimentos me hizo darme cuenta de que necesitaba un plan B, y de forma urgente.

En 2014, fui el primer formador de la SCAE invitado a impartir cursos en Etiopía. Mientras estuve allí, mucha gente joven resultó asesinada en las calles de Venezuela por protestar contra el régimen. Un chico de 18 años murió: ahí llegué a mi punto crítico. Envié por fax mi carta de dimisión y decidí que a partir de aquel día me ganaría la vida como profesional del café.

Ya no volví a mirar atrás. Y nunca me arrepentí de ello.

Abandonando mi país con dos maletas

He tenido mucha suerte con toda la gente con la que me ido encontrando a lo largo de mi camino – ellos forman parte de aquello que me hizo enamorarme de la industria del café. En ninguna otra profesión he encontrado ese compañerismo, ese apoyo, esa comprensión y esa pasión en toda mi vida. El karate es el único aspecto de mi vida con el que puedo compararlo: formar parte de algo más grande que tus deseos y aspiraciones.

Como AST (formador autorizado de la SCA ), he tenido la oportunidad de viajar por todo el mundo, de enseñar y conocer a mucha gente maravillosa que comparten mi misma visión y pasión. Y sigo aprendiendo: nunca se deja de aprender. Cada vez que uno de mis estudiantes logra un éxito crezco un poco más. Aprendo a través de ellos, y con ellos.

Pero el café me ha aportado una de las cosas más importantes en la vida: la esperanza. Sonrisas y sueños. Y amor – mientras trabajaba como voluntario en el World Barista Championship de Rimini, conocí a mi marido, Dylan.

Hoy, Dylan y yo compartimos la misma pasión con especial énfasis en granos de calidad procedentes del comercio directo. No porque se trate de algo «trendy» y una valiosa herramienta de marketing, sino porque, como ciudadano de un país productor, conozco las luchas a las que se enfrentan los productores a diario, y sé qué es lo que sueñan y desean cada vez que reciben una visita de un posible comprador. Les respetamos y creemos en sus esfuerzos.




Para todos aquellos de vosotros que os preguntéis qué es lo que ha pasado con Venezuela, sigue siendo un país rico, pero está destruido: hay poca comida y no hay medicinas. El salario mensual es inferior a 2 $ americanos, y no sirve ni para empezar a cubrir el coste de los alimentos que hay disponibles.

Me fui de la casa en la que trabajé duro para finalmente tener mis propias posesiones, mi propia vida, todo lo que tengo detrás. Me llevé a mi hija, a mi perro y dos maletas. Nos mudamos a Buenos Aires, Argentina. Comenzamos de cero.

Hoy, miramos al futuro con unos objetivos claros, algunos de ellos los compartimos con otros compañeros y otros los guardamos para nosotros. Y la perspectiva es realmente emocionante.

MARÍA ESTHER LÓPEZ-THOME es la Instructora principal, Jefa de ventas y Compradora de café verde del Café Registrado® Buenos Aires. Es también una formadora autorizada de la SCA y pertenece al Comité de Normas Técnicas de la SCA.

Un apunte de María Esther:

Mientras miro al futuro, no ignoro mi país ni me olvido de mis raíces: me duele el corazón cada vez que veo lo que está pasando en mi casa. Los venezolanos siguen en una situación muy crítica, pero hay demasiada gente que sigue en Venezuela invirtiendo su tiempo y energía en hacer del país un sitio mejor donde vivir. Es extremadamente difícil, pero no imposible: creen en ello y sueñan con un país mejor.

Nosotros, como venezolanos, siempre hemos amado estudiar y aprender cosas nuevas, y este amor no ha cambiado a pesar de las circunstancias que debemos afrontar ahora. La gente joven está asistiendo a cursos y adquiriendo habilidades relacionadas con el café. Los productores, en permanente lucha contra el gobierno, que posee el control total de la cadena de valor del café al completo, siguen trabajando para innovar y mejorar sus prácticas agrícolas con las herramientas que pueden encontrar y a las que tienen acceso. Trabajan, en algunos casos literalmente, hasta caer muertos, pero aún creen en el cuidado y la atención al detalle apreciados en el café de especialidad. Su pasión no disminuye a pesar de la situación política y económica. Va en aumento, cada vez más.

Amo mi país. Lo echo profundamente de menos. Espero volver algún día, a las playas y montañas que fueron mi hogar, a enseñar y compartir mi amor por el café, a ayudar a los demás a reinventarse y a crear nuevas oportunidades.

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