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La SCAE celebra sus 20 años – 25 Magazine: Issue 6

MICK WHEELER, antiguo Presidente y anterior Director Ejecutivo de la SCAE, reflexiona sobre los primeros días del café de especialidad en Europa y los obstáculos que tuvo que superar una incipiente SCAE intentando crear una organización enfocada a la comunidad atravesando fronteras tanto geográficas como culturales.

Este no es un relato histórico sobre la SCAE: hay demasiados voluntarios que han ofrecido libremente su tiempo, recursos e ideas como para reflejarlo en un artículo tan breve como este. Todos los que estuvieron allí en esa época saben a quiénes me refiero (y quién más estuvo allí junto a ellos); si bien prometemos contar la historia más adelante con detalle, este no es el momento. Sí, todos los que estuvimos allí trabajamos duro, nos hicimos amigos, fuimos «ese paso más allá» y disfrutamos mucho; pero hay una persona en particular que merece una mención especial: nuestro primer presidente y el creador de muchos de nuestros campeonatos, Alf Kramer. Su inventiva creó muchas herramientas de valor que nos ayudaron en nuestro camino hacia la promoción de la excelencia en el café.

El primer intento real de creación de una organización en Europa fue el Coffee and Cocoa International show en Londres, celebrado en el Royal Lancaster Hotel en septiembre de 1997; Alf Kramer organizó una a sesión para comprobar cuánta gente estaría preparada para participar en la organización de una asociación europea de café de especialidad. Por suerte, resultó que muchos lo estaban, y se organizaron más encuentros en las oficinas de la International Coffee Organization en Londres durante los siguientes meses, culminando finalmente con la creación de la SCAE como entidad oficial en agosto de 1998.

Nuestra filosofía era sencilla, y se mantiene fiel a día de hoy; nuestro objetivo global es seguir creciendo para mejorar la calidad del café en todas las etapas de la cadena de suministro/valor, ya que eso beneficiará a todos los integrantes de la cadena. Se celebraron largos debates sobre el establecimiento de normas y sobre la restricción de pertenencia únicamente a aquellos miembros que pudieran demostrar su compromiso con nuestros ideales, pero al final se trataba de convertirnos en un movimiento, no en una asociación comercial restrictiva. Decidimos que recibiríamos gustosamente a cualquiera que encontrase valioso nuestro mensaje y que desease involucrarse, con la intención de ser inclusivos y no exclusivos.

Por supuesto, nuestra organización hermana, la Specialty Coffee Association of America (SCAA), nos servía como modelo de referencia, aunque éramos conscientes de que no podíamos convertirnos simplemente en su imagen especular, puesto que Europa es totalmente diferente: hablamos muchos idiomas distintos y nos regimos por diferentes leyes. Sin embargo, como grupo, entendíamos y respetábamos el hecho de que estábamos ahí para aprender de, compartir con y, lo más importante, valorar las diferentes culturas cafeteras europeas en toda su riqueza, interés y variedad de cada país respecto al resto. Teníamos que crear una asociación que considerase todas estas cuestiones sin dejar de promover nuestro mensaje principal.

Alguien propuso la solución ideal de crear divisiones a nivel nacional, inspirándose en una fuente poco ortodoxa: un club motorista criminal internacionalmente conocido… Y, como suele decirse, el resto es historia. Bueno, no exactamente: aún quedaba el verdadero problema de cómo comunicarnos con nuestros miembros, que hablaban tantos idiomas diferentes. Solucionamos este problema reclutando voluntarios, que se convertirían en la columna vertebral de la asociación. Estos súper voluntarios no solo organizaban eventos a nivel local, sino que a efectos prácticos eran la imagen de la asociación en su país de origen, trabajando de forma incansable para garantizar que la SCAE funcionase como una sola organización y no como una federación de divisiones de diferentes países, algo difícil de conseguir incluso en el mejor de los escenarios.

Nuestro siguiente desafío era de una naturaleza más terrenal: obtener financiación para costear los eventos que la organización quería celebrar (¡la diversión también cuesta dinero!). A finales de noviembre de 1998, nos sorprendió y entusiasmó descubrir que contábamos ya con 114 miembros: A los 52 miembros pioneros, que donaron cada uno 500 € aparte de su cuota como miembro, se les unieron rápidamente otros 62 miembros.

Entre1998 y 2002 todo se hizo a base de trabajo de voluntariado: la SCAE no tenía personal a sueldo, solamente un grupo de voluntarios con una gran dedicación arrimando el hombro. Estos primeros años se caracterizaron por nuestro deseo de «intentarlo», probar nuevas ideas, sin importarnos que sonasen excéntricas, siempre y cuando nos sirviesen para avanzar en nuestro camino hacia la promoción de la excelencia en el café. En octubre de 2000 celebramos dos acontecimientos en Monte Carlo, ambos diseñados por nuestro entonces presidente Alf Kramer: el World Barista Championship (WBC) y el Cup Tasting Championship. Una vez lanzado, el WBC ya no volvió la vista atrás, aunque el primer Cup Tasting Championship resultó ser un auténtico desastre. Tuvieron que pasar tres años hasta que volvimos a lanzar el evento en Rímini, aprendiendo de nuestros errores y revisando el formato hasta convertirlo en el que hoy se conoce como World Cup Tasters Championship. Como todo lo demás que logró la SCAE, el desarrollo de todos estos campeonatos del mundo dependía enormemente de los numerosos voluntarios, que creaban y actualizaban las reglas de forma meticulosa, revisando permanentemente los diferentes elementos de cada competición para crear los eventos mundiales, ya pulidos, que se celebran cada año en la actualidad.

Aquel primer evento en Monte Carlo puede que fuese poca cosa, pero resultó un gran éxito a su manera: nos reafirmó en nuestro convencimiento de que lo que estábamos creando recibía el apoyo generalizado. Nuestro siguiente evento (Oslo, 2002) fue más grande e incluso más impresionante, aunque quizá lo que haya quedado en el recuerdo sea la desastrosa barbacoa celebrada en una isla a las afueras de la ciudad: la velada comenzó bien, pero un cambio brusco en las condiciones meteorológicas dejó a más de la mitad de los asistentes atrapados en la isla hasta las tantas de la mañana, en que pudieron ser rescatados. Aparte de este percance, el evento celebrado en Oslo fue considerado un éxito rotundo, sentando las bases de futuros eventos.

A pesar de nuestra reputación como amantes de la diversión, nos tomábamos muy en serio las funcionas principales de la asociación, incluyendo la comunicación con nuestros miembros: Café Europa, nuestro primer boletín informativo, se lanzó en septiembre de 1998 en forma de flyer de 4 páginas que resumía nuestros objetivos, destacaba nuestros logros y publicitaba futuros eventos. Conservó ese formato hasta junio de 2004, cuando se lanzó con un formato de revista de 36 páginas a todo color, caracterizada por (puede que no sea objetivo al decir esto) unas portadas icónicas y unos artículos informativos y bien escritos. En seguida se convirtió en el altavoz y en la joya más valiosa de la asociación, muy valorada por los miembros, especialmente cuando empezó a publicarse no solo en inglés, sino también en otros idiomas europeos.

Es posible que la función más importante de la asociación sea la formación, inicialmente impartida a través de talleres en los eventos de la SCAE y otros eventos específicamente formativos organizados por las distintas divisiones. Es justo añadir que al principio nos costó estar a la altura de nuestras propias expectativas, pero poco a poco fuimos cumpliendo con nuestros objetivos más importantes. Creo que nuestra iniciativa más exitosa a este respecto fueron los viajes de la SCAE a los orígenes: ofrecían una experiencia capaz de cambiar la vida de aquellos que nunca habían tenido la oportunidad de ver el café en los países donde se cultiva. El desarrollo del sistema AST de la SCAE, que autoriza a sus formadores a impartir formación aprobada por la SCAE, supuso otro de los hitos más notables, ya que significó el desarrollo de unos planes de estudio sólidos que cubrían todos los aspectos de la industria.  El Diploma sobe el café, desarrollado por primera vez por la SCAE pero que ahora constituye el núcleo del programa formativo, unificó nuestros esfuerzos educativos, proporcionando a todos los miembros de la industria unas calificaciones claramente identificables que son respetadas y reconocidas en todo el mundo.

Este es solo un matiz de la colorida historia de la SCAE: en todo caso, espero haber sido capaz de destacar y reconocer debidamente el impacto y el increíble resultado logrados por el esfuerzo de muchos voluntarios dentro de la organización a lo largo de los años. Nos gustaría mostrar nuestro reconocimiento y gratitud a muchas personas, pero no disponemos de suficiente espacio aquí para nombrarlos a todos, así que muchas gracias a todos aquellos que habéis formado parte de este fantástico viaje: ha sido un placer y lo hemos pasado muy bien.

Para mí, la de la SCAE es una historia de dedicación, camaradería, altruismo y diversión: la evolución de nuestra organización demuestra claramente la enorme importancia de promocionar continuamente un sentimiento de comunidad y unidad trabajando juntos con un objetivo común. Una comunidad surge cuando nos juntamos, nos divertimos, compartimos nuestras experiencias y estamos convencidos de hacer algo que merece la pena. Es eso, y solo eso, lo que garantiza que nosotros, ahora como la organización global SCA, sigamos creciendo con éxito.

MICK WHEELER fue Director Ejecutivo de la SCAE entre 2004 y 2011.

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